La hora de abolir la familia (I)
La llegada de una caja
(En el botijo, el rojo en negro. Hacia la izquierda se ve un poco del rinconcito. Alma de Cántaro sin un abanico. Dos cajas sobre la mesa).
Él ha muerto. Ambos lo han hecho. O eso damos por sentado. Ella está que no quiere salir, no quiere hablar. (Toca el botijo apenada). Me ha hecho venir a toda prisa. Supongo que quiere compañía, aunque no esté para ver a nadie. No tengo aún los detalles. Me ha contado muy por encima, antes de meterse ahí dentro. Que ojee las cajas. No sé. Una parece vieja, recia, me ha parecido que huele a pino. Y barniz. Tiene como un grabado quemado, pero no lo distingo bien. He entendido, creo, que son unos diarios y cartas que ha recibido, otras a medio escribir. Retazos. Y ha estado toda la noche redactando para nosotras. Algo más coherente, ¿no? Me imagino que poco después se ha roto. Porque no estaba para conversar, menos (señala la caja). ≪La isla se ha hundido≫. Eso me ha dicho. Vamos a ver.
(Elusiva). Me comentó hace tiempo que, de donde ella venía, los poemas era un poco diferentes. Lo digo porque creo que he visto algo así por aquí antes, cuando me la ha puesto en las manos. Que eran más una contemplación estética y reflexiva en una pieza corta, que las estrofas.
¿Cómo era? ¿Rafael? Se le pegó un poco de gusto por la poesía de él. No, Clavicordio. En todo caso hablaba con semejante cariño de ambos. Aunque llevaban un tiempo sin cartearse.
(Respiración honda). Vamos a ver.
Recuerdos, misivas y suposiciones: aire tibio
Era en la Isla de Catalina donde me crié.
(En el rinconcito satén negro aquí y allá, que cubre una red para medusas colgantes. En la tercera, plumín y tinta. En la segunda, la caja abierta, que le entresale pañuelo de rosa llamativo, y asoma escondido. Y en la primera, es decir al frente, la cerrada; asoma otro escondido).
Marea suave y, en rosas y verdes que ensartaban la superficie de agua caliente, para reposo de las gaviotas y gusto de los ojos, flautas de coral. Y escupían, de la marea, pompas al aire que nos seguían en rededor (con un sonar particular).
(Abre la caja en primera). De aquí que crecí con él, de nombre Arpegio. Hijo de tendera de enlatados y encurtidos, padre del hormigón. No tengo recuerdo de un tiempo que no fuera de canción en su corazón.
(Tic). Resulta que dentre ellos ya guardaban ciertos planos. Los cuatro, muy amigos desde más jóvenes, tendrían progenie. Que al casarse les harían familia, pues era la única manera de darse más respeto a su parecer. Y vino él, que por cierto también tenía unas ciertas inclinaciones poéticas y, de tan renacuajos, la aspiración de ser bravío pirata. Y seis meses más tarde vine yo.
—No podemos tener esta falta —dijo mi padre Arcadico.
—¿Y qué hemos de hacer? —dijo Martirio, mi madre.
—No sé, no lo sé.
—Nene, digámosle Marta.
Así convinieron en tratarme y me presentaron durante años largos.
—Hijo mío —le decían frecuentemente—. Tú te casarás con Marta. Debes entender que esta familia ha depositado en ti mucho esfuerzo y no son propios de nosotros semejantes desagradecimientos.
—¿He de entender también cuanto os recela mi felicidad?
—Hijo mío, somos viejos…
—Y queréis que mi mocedad la sacrifique.
—Todo te lo hemos dado.
—Salvo una cosa.
≪Aguda en <a>, para obrar según decisión y responsabilizarse en consecuencia: <libertad>≫ dijo una vocecilla en su cabeza.
Quizá os preguntéis por qué no dije nada en tanto tiempo. Entendía desde muy temprano que acaso fuera la única salida de una vida de tanto asfixiar. No creí tampoco que mi silencio tuviera mucha importancia; tarde o temprano, con el curso de la pubertad, habría de descubrirse el engaño. Detesté cada minuto del mismo.
(Dolor contenido: va retirando el pañuelo). Cómo me trataban de ≪jovencita≫. Los vestidos. El pelo largo y las muñequitas. Llegaron los días de cambio. Y pensar que hubo un tiempo en el que me crecía la barba… (Risa).
—¿Padre? ¿Y ahora qué tenéis que decir? ¿Madre?
—Bueno, Tristán es una gra… un gran hombre. Adoptaréis.
—Siento que esta conversación es insaciable. (No podéis decirlo en serio).
—Ha sido suficiente, Arpegio. Así se hará, por mucho que gustes de pensar en tus goces y caprichitos.
Aquel día llegó hasta el muelle con el morro aún rojo y la voz recién salida del sollozo. Allí nos veíamos casi todos los días. Traía un par de latas de sardinas para mí. (Pasan de una caja a otra, envueltas en un pañuelo de naranja pálido). Me encanta tomarlas para merendar. ¿Habéis visto un velo de pompas, tan delicado, levantarse sobre los naranjas del crepúsculo? Se deshacía el pobre sobre mi hombro como un terrón bajo café. Pero hubo otro día en el que, definitivamente, se desmoronaron nuestras familias. Fue recién llegado el entretiempo:
—Padre, madre. Aquí pongo límite a tanto tute. No habéis reparado en comida, ropa, ni comodidades como quien compra un enser. Y considero que os debería agradecimiento, sino fuera porque me pedís servidumbre. No deseo casarme, jamás lo haré.
—(Pipa de madera desde primera a su frente). ¿Qué crees —dijo el padre, encendía una pipa que no descansaría hasta el atardecer: paf, paf, paf— que es una familia, hijo mío de la cuna?
Arpegio se había cuidado mucho de contestar a aquellos comentarios sobre los ≪músicos borrachos≫ y las ≪artistas rameras≫. A ojos de la vieja generación de la casa, las cosas se pusieron políticas por primera vez.
—Un mecanismo para contra los dominados. Una estructura de ratas para el trabajo, que nada más las reproduce. La insuficiencia de los cuidados.
Se mordió el labio antes de exhalar otra vez, en tanto miraba la chimenea. Paf, paf, paf:
—Ahí está. Esas son. (Tac). Esas son las ideas que te han metido en la cabeza.
—Nadie me las ha metido en la cabeza más que a ti.
—No es cierto. La familia es la manera que tenemos de protegernos y organizarnos. Es como vivimos acorde a la naturaleza. Es orden justo, armonía.
—Por favor. Eres profundamente hipócrita. ¿Es la única manera en que podemos organizarnos? Por no hablar de que ¡las leyes de la naturaleza! sólo parecéis tenerlas claras unos pocos beneficiarios y las que os temen o buscan lugar privilegiado a vuestro servicio. ¿Qué hijos debo? A nadie debo hijos.
—En la vida hay deberes que no nos gustan y debemos cumplir. Ponte un poco aquí a mi vera —palmoteó en el otro sillón.
—Déjame así —lo rodeó—. Claro: como tú sufriste, te debo ciento y pico. ¿Y qué hay del mantenimiento de la casa? Planchar, lavar, fregar y hervir.
—¡Qué problema supone!
—Qué atino. ¡Ninguno para ti, no! Pero para mi madre...
—Nada más es; unos pequeños favores.
—Ella trabaja en la tienda y repite aquí. Ya vale.
—Bien se le da. Desde administrarlos hasta contar los sobres.
—Se le ha tenido que dar. Porque tú no, ella lo hace.
≫Con una jornada de doble ración para una de las partes, sin motivo ni acuerdo, y la otra ande la cuchara en el chilindrón. Qué familia, padre; la familia, padre.
—¡Sin motivo! No seas ridículo. Porque me ama y sabe que yo no valgo para esos trotes.
≫¡Sin acuerdo! ¿Mentí de novios? Soy un hombre de honores.
≫Y,
aun así, eligió las dote…
—Como a la papa cruda el hambre.
≫Disculpa que me ría. ¿Crees realmente que tiene el duende del potaje?
≫Desde la cuna —dijo la palabra haciendo señales frente al morro de él…
—¡Suficiente!
Un breve silencio; tan, tan largo. Pof, pof.
—Por no hablar de los cuidados emocionales. ¡Dime de esas labores!
—Arpegio, quien te escuche. Es lo mínimo: preocuparse por la familia no es un trabajo.
—Pues sucede que ella aguanta tus berrinches y calores.
—Le di un colgante de cuarzo. (Fue en su cumpleaños, si no recuerdo mal).
—La clave, claro: dinero. A comprar amor, como el ajumado la calma: de los dolores de las voces.
—No
saquemos esos cardos. Ni fal…
—¡Una pala y un pedazo de tierra! Tremendas soluciones pones.
≫¿Sabes qué toma para las depresiones? Antes licor de hierbas y...
—¡Y chitón hogaño!
Un breve silencio; tan largo. Con qué fuerza trinaban las llamaradas, como de costumbre. Pof, pof.
—Hay necesidades. Como comer y el lavabo. También dormir.
—Ciertamente.
—Debería ser como un vaso de agua, según dicen por ahí.
—¿Bebes? —dijo extrañado.
—La intimidad. ¿Qué lugar hay reservado para ellas sino el de parir?
≫Madres insatisfechas, ancianas olvidadas. Hijas conservadas en cera, a la espera de una llama dada con objeto de servir.
≫Y vuelta a empezar, puestas a reproducir.
—Estás desquiciado. ¿Qu’es lo que quieres?
≫No hables tan vulgarmente. Y debemos mantener las gentes.
—A eso me refiero. Vulgarmente para ti.
≫Capaz de sacudirte las manos en desapego del descontento, las náuseas y el nacimiento. ¡Así! —y se sacudió las manos ampliamente. Ya se alejó hasta el ventanuco del tabaco y la chimenea. (Parecía que las brasas se le echaban encima).
—Es deber diferente cada caso individual.
—Los patrones te dicen que por aquí.
—¡Eres…!
—Donde conduce el ≪deber de parir≫...
≫¿Cómo sucede que en la mayoría de ≪casos individuales≫ las mujeres son las maltratadas? ¿Incluye eso una maltapada violación?
≫...Es a la obligación de concebir.
≫≪Mantener las gentes≫. No nos faltan por aquí, ni más allá...
≫No se los debe nadie a ningún otro. En todo caso, terminan en la calle.
≫¿Quién los quiere? D’el mundo no todo.
≫¿Quien los ampara? Dos días y nada.
≫¿Adónde vuelven? A que les llaméis maleantes.
≫...Y qué va. Qué va si sí.
—¡Suficiente! Malas familias.
—Que lo son por virtud de la ineludible estructura y…
—¡Suficiente! Debieron recibir mejor crianza.
Un breve silencio largo. Pof, pof.
—¿Y qué hay de los mayores? No creas que me he olvidado de ellos.
—¿Y qué con ellos? Se les cuida.
—No se hace. ¡No se hace! —insistió de un manotazo sobre la mesa auxiliar. En este punto ya rezumaba la rabia—. Viste el tablón en la plaza Torre Barriletes.
≫Moho en los comedores, plagas en las habitaciones, los asistentes a golpes; donde estuvo la mama Dolores.
—En todos lados los hay de malos pelos. Te gusta exagerar. Tomar cualquier cosa por una conspiración. Y los ancianos no necesitan más. No están ahí, ahí en la situación.
—¿Te das cuenta? Son los niños, las mujeres y los ancianos. Los pobres.
≫Todos escupidos si no pueden servir al paje de la Real Producción y a sus cofres.
El silencio más largo. Se acercó a la lumbre, que apagó pacientemente. Lo poco que alcanzaba a ver de su perfil, se quedó a oscuras (como el resto del salón). Y tras reposar la pipa sobre la repisa de la chimenea, terminó de ponerse en pie. Pof.
—Si tanto problema te da que se te quiera (Tic) —y señaló la puerta a la calle—. Ya te arrepentirás, ya volverás. Pidiendo una familia. Entenderás tu privilegio, que no has sabido apreciar.
Pobre criatura. No supe qué hacer. Y no quise darle importancia cuando salió corriendo de mí. (Cierra caja en primera). Por qué iba a dársela en un momento como aquel. ≪Quería demostrar≫… Algo así dijo. Desde luego creí que esta parte sería fácil de olvidar.
Y lo fue para mí, al menos un poco, un pequeño rato. Aún estaba mirando el mar. Cuando pude ver, entre el amarradero junto a mí y un pequeño barril que olía a agua salada estancada, (las latas frente a su caja) la pequeña pata de una gata. Del color de la arcilla clara, como salida del hueco suelta, intentando alcanzar no tan discretamente mis latas de sardinas. (Se desenvuelven): ≪Venid, venid≫ parecía decirles en el aire la zarpita alzada.
No lo sé, no sabría decir qué confianzas me tomé, como sabiendo lo que hacía. Así que metí la mano sin mirar y agarré cuidadosamente el primer pellejo que noté.
—Miau —dijo en visible resignación.
—Eso digo yo. Hm. Ponte aquí —sobre mi regazo—. ¿De dónde sales y qué maniobras intentabas? Pero si te haces mi amiga, puede ser nuestra merienda.
Así que empezó a amasarme el muslo como a pan caliente.
—¿Y tienes nombre?
Fue algo similar para mí. Con todo el alboroto no se fijó: no me preguntó. Esto es cierto también: tras una riña tan irrevocable, una persecución por la igual repartición de las sardinas y un descanso pequeño, pude verme con claridad renovada. (Entra en caja antifaz en bronce que asoma desde segunda).
(El reloj, que asoma escondido tras la caja cerrada, sobre ella). Eran las siete y media.
Acatara
I
(En el botijo, que sigue igual, AdC vestida de Tina).
(Susurra). Me imagino que querrá que la sustituya. A ver. (Busca el tono, busca el ademán). Hola, beb… No. Ella es más como: Hola, bebé.
(Fundido).
(Premisa, en cartel que une a AdC y Tina lo que resta de escena). ≪Soñé que estaba mirando el cielo y algo brilló como una moneda que se tira al aire y de pronto creció y descendió lentamente. Era un largo aparato de plata, redondo y extraño. Y en un costado de esa cosa de plata se abrió una puerta y este hombre alto apareció en el umbral≫A.
La misma premisa del abolicionismo familiar sirve como advertencia anticipada a los bulos más mascados. ≪Quieren destruir la familia, que pertenezcamos al Estado, quitarnos a nuestros hijos≫. Esto es falso.
Es fundamental comprender la no oposición a la familia y el matrimonio en un contexto de libre elección real. En la misma medida en que la aceptación de la diversidad en las orientaciones sólo va a perjudicar a los matrimonios lavanda y el divorcio a la extensión de los tentáculos del maltrato.
Se trata de garantizar las estructuras sociales, legislativas, materiales, para que los núcleos familiares más normativos no sean tu única opción. No económicamente. No laboralmente. No sentimentalmente. Desde los estudios que puedes recibir, las condiciones del alojamiento donde descansas, la compañía que recibes mientras comes y lo que hay en juego cuando toca decir: ≪Mamá, papá, creo que soy de letras≫, ≪¡Nuestra hija! ¡Una invertida!≫. ≪Y las artes me hacen tilín≫, ≪Has hecho llorar a tu madre. ¿Estás contenta?≫. Es decir y como puedes imaginar, como la institución que ya tenemos construida y hegemonizada, la familia es el núcleo que ceba la carne al servicio del capitalismo
¿Qué significa abolir la familia? Es necesario que esbocemos lo que significa abolir. Podemos entender esta noción, para lo que nos incumbe, como una supresión positiva. Abolición es descomponer y rebasar, reconstruir y llevar más allá. Por ejemplo, a mí me gustaría que se suprimiera la posibilidad de comprar lienzos originales. Con el objetivo de destruir la privación del arte para la ciudadanía de a pie, transformar nuestra concepción de la posesión de la cultura, preservarla (por ejemplo, en un museo a través de especialistas debidamente acreditados) y llevar más allá el alcance de estas obras en exposiciones de libre acceso. El abolicionismo de la compra de cuadros. O de la esclavitud para destruir, transformar, preservar y llevar más allá los ideales ilustradosB. Lo mismo aplicaría al feminismo. Ahora bien, ¿qué va en su lugar?
II
(Remiendo). A lo que Yll, su marido, propone que salgan a cenar tras un largo tiempo sin hacerlo. Incluso propone repentinamente unas vacaciones lejos. Todo ello tras haber establecido, ya desde el principio, el aborrecimiento con que ignora las atenciones de ella en el día a día. (Y control). De hecho se deja implícito que llega a vigilar el comportamiento nocturno de su esposa, Ylla K, durante sus ≪estúpidos sueños de mujer≫A.
En 2006 una huelga docente termina con fuerte represión policial violenta. Lo que da en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, primer núcleo de la Comuna de Oaxaca.
Pronto se toman estaciones de radio del estado mexicano y se levantan barricadas defensivas. Que verían pernoctas y, por tanto comida, cuidados, relaciones (En un susurro: ≪también íntimas≫, mirada extrañada) y abastecimiento. Desde traer café, hasta preparar cócteles. No de los que te tiran, de los que se tiran. (Se mira). ¿De dónde ha salido esa broma? (Mira hacia el botijo). ¿Puede hacer eso? (Al otro lado, la mano disiente; cae inerte cuando ella se vuelve).
Bien, hubo un momento en el que las mujeres mexicanas empezaron a abundar aquí. Este será nuestro ejemplo de supresión positiva.
Porque aprovecharon las exigencias inevitables de cuidar físicamente a una comuna (como la inversión de tiempo, energía, afirmación de ciertas ideas, fertilizadas, de paso, por otras ahí…), enseguida se rebelaron contra maridos abusivos, fuerzas estatales antiindígenas y otras más.
En un principio, esto significó una nueva cotidianidad. Como la distribución ampliada de los cuidados a los niños, que se llevaron con el café, supongo.
¿Podéis ver la tensión en lontananza? Los maridos empezaron a quejarse de que nadie hacía las cosas en casa. Efectivamente, su solución. Fue quejarse de que nadie hacía las cosas en casa. (Mantiene mirada muy brevemente).
En última instancia, esto hundió la Comuna. Fue la jugada más clásica. Si la pobre familia atacada es la cosa más buena e inocente, esas mujeres rebeladas son esto, lo otro y lo otro. Puede parecer nimio. Pero la presión social es demasiado para muchas. Es comprensible.
Pero por un momento, ellas fueron a ≪[…] Congregarse al calor de las cocinas, cantinas y comidas colectivas de las protestas. El cuidado de la infancia, las heridas y las demás personas que no pueden trabajar se convierte en una preocupación compartida en los proyectos colectivos de supervivencia. […] Un horizonte que se llegó a atisbar en las barricadas de la Comuna de Oaxaca≫C.
El abolicionismo debe garantizar muchos tipos de amor y desmantelar la violencia y dominación de la estructura familiar, una imposible de mantener. (Mirada creciente de pena). Porque el amor puede tener formas diversas, pero el silencio no es una de ellas. Tampoco es de copa, compra, ni deuda. Todo amor humano viene hendido por la camaradería. ¿Te asusta? Llámalo cordialidad. (Se mira, vuelve en sí).
Mirad a vuestro alrededor. Todo se desmorona: precariedad laboral, el horrendo desastre ecológico y el auge del fascismo y fundamentalismo. Así, la familia. Anhelada como el último bastión de esperanza; que muchos se afanan en defender. (Pausa). También se agrieta. La vivienda propia es ya un sueño cínico, cada vez más mujeres dicen no a la división desigual del trabajo y el abuso intrafamiliar, quién puede permitirse progenie y quién sacrificaría su singular respiro tras cenar, por una de las pretensiones de un Estado cada vez más ausente, el divorcio es accesible (que no fácil) y las tareas del hogar se acumulan sin alguien que pueda encontrar el rato entre una pila de camisas sin planchar sacadas del baratillo virtual.
Vendrá facilitada por la creciente imposibilidad de la misma. La gente buscará y ya está buscando lo que le hace falta en otras partes. Las necesidades no pueden venir dosificadas por la voluntad de las personas amadas. Deben ser una garantía. Porque en unas sociedades que ante los evidentes horrores del sufrimiento físico tardó tanto en plantearse derechos mínimos, será mejor que tras el reconocimiento de la salud mental como externa al tabú, vayamos empezando a insistir en unos derechos sentimentales mínimos. La abolición de la familia es un ataque directo a la noción de que perteneces a una comunidad que no has elegido, la propuesta de que decides con cuales te asientas y de que tienes mucho que exigir.
III
(Violencia). ≪Y entonces ocurrió.
Calor, como si un gran incendio atravesara el aire. Un zumbido rápido y penetrante. Un resplandor en el cielo, metálico≫.
≪Un disparo. Luego un segundo disparo, preciso y frío, y lejano. El zumbido de las abejas distantes≫.
≪[…] A los lejos, se oyó un ruido de pasos en la grava≫.
≪—¿Qué estuviste haciendo? —preguntó≫.
Finalmente los celos. (Y no hay motivos para pensar que fuera más que un sueño). Se salen de control de semejante manera, que engaña a su esposa. Para que se quede en casa y la prepare para una visita que sabe no sucederá, mientras él se va a cazar a la hora y lugar del sueño.
≪—Nada —respondió él, de espaldas, quitándose la máscara.
—Pero… el arma. Oí dos disparos.
—Estaba cazando, eso es todo. De vez en cuando me gusta cazar. ¿Vino el doctor Nlle?
—No.
—Déjame pensar. —El señor K chasqueó fastidiado los dedos—. Claro, ahora recuerdo. No iba a venir hoy, sino mañana. Qué tonto soy≫A.
Abanico
(Como poniendo algo serio sobre la mesa). Chicas, ¿cómo estamos, además de muy guapas?
(Fundido).
(AdC con abanico).
♪ Ha llegado el calorcito. Me he regalado un vestidito ♪. Ahora que lo dices, sí que soy un poquito un regalo para la vista. (Balancea hombros. Pausa). ♪ Tucu-tucu-tú ♪. (Risa).
Buenas, chicas. Un ensayo bastante distinto al anterior. Lo cierto es que empecé a leer sobre el abolicionismo de la familia el año pasado. Pronto supe que querría hacer algo con ello. Porque lo encontré muy interesante desde el arranque. Y aunque voy a querer un descanso del tema más temprano que tarde, desde luego va a ser literatura recurrente en mi estantería y mis pensamientos.
Bueno, es cierto que lo tengo en digital. Porque encuentro en el coleccionismo moderado una parte importante de mi experiencia lectora. Pero no me importa para mal tener una obra en digital. No sé si muchas estáis en un punto parecido. Quiero1 historias apasionantes y reflexiones estimulantes, ediciones buenas y bonitas. Precios ajustados y una industria amable con la gente y el medio ambiente. Tiempo para ello y todo lo anterior para las demás. Que algunas sean en escritura digital, papel, audiolibro… (Se encoge de hombros). Un poquito de todo, por qué no.
Por otra parte, lo concebí desde el principio como en varias partes. Cierto que un poco por necesidad. También como decisión artística. Estaba pensando en algo más placentero a modo de pequeños bocados y que tuviera una marcada personalidad estilística. No sé si seré capaz de ejecutar esto último. Soy tan novata aún, que me cuesta notar cuando estoy sobrestimándome. Lo que no esperaba, cuando lo imaginé, es que fuera tan experimental. (Resulta que invita a preguntar dónde están los límites del género ensayístico).
Desde que me estrené con ADM2 ha sido raro. He tenido esta gigantesca presión por no fallar, hacer más, hacer mejor. Me he sentido fatal por tomarme un pequeño descanso aquí y allá. (Risa). Y eso que soy consciente de que no me ha visto casi nadie.
Además, ha sido un poquito difícil emocionalmente también por otro motivo. Cuando escribí esto, desde abril hasta principios de mayo, fui al médico porque me encontré un bultito en el pecho mientras me duchaba. Hasta finales de mes no tengo cita para la ecografía y la próxima que me ofrecieron era también para mayo… del año que viene. Según creo y, más importante, según cree mi médica de cabecera, diversos factores apuntan que no será nada de que preocuparse.
Pero aun así estoy bastante asustada. Tengo miedo. Y para algo tan serio un mes. Seguro que sólo un mes me coloca entre las afortunadas. Ojalá no sea nada.
Como no puedo hacer más que esperar, he visto mis ganas de leer, escribir y grabar acrecentadas. No tengo la impresión de que sea un mecanismo de evasión. Me parece que tiene más que ver con que me gusta tanto, que una amenaza percibida me hace querer disfrutar con más ahínco hasta de la última gota que pueda rebañar. ¿Admirable? ¿Irresponsable? Supongo que ni torta de aceite, ni corteza de barra. En los matices va la miga. (Sonrisa).
(Abre abanico, ventila con un poco de gracia). Últimamente he estado con ≪El fin de la muerte≫, el audiolibro de ≪A treatise of human nature≫D. Me gusta ponérmelos para limpiar la casa, porque no me gusta hacer las tareas de casa. (Risa). Y he releído ≪La posada de los objetos perdidos≫E.
(Cierra al lado opuesto). ≪El recuerdo del pasado de la Tierra≫F, en tres novelas, me ha parecido magistral. Es difícil conseguir interesarme tanto con ciencia ficción dura. Aunque toda la parte de la amante idílica del segundo volumen me ha molestado. Una mirada masculina que me ha hecho sentir incómoda. Y las ilustraciones de Simonetti son de lo mejor que he manejado. Pero no es aceptable que esté terminando una aventura épica de dimensiones gigantescas, que cuesta un esfuerzo seguir por su dificultad y longitud, con un último tomo que cuesta casi treinta euros, para que ahí mismo, junto a la última página a la izquierda… esté el código, el cuadradito de la editorial Nova: ≪¡Síguenos en Instagram!≫. Lo que necesitaba era una página en blanco: reposar la vista, que respirara el libro, quedarme suspendida unos últimos instantes en la historia que acabo de sentir y seguir y tomar la decisión de cerrar la tapa. No que maximices beneficios. Y creo que hablo en nombre de muchas cuando digo que estoy hasta este moño de que sólo a artistas y lectoras parezca importarnos el tacto a la obra.
(Centro). Un tratado en el que no había podido meterme aún y para el que voy a necesitar unas cuantas vueltas próximas antes de hablar. (Y al regazo). Y un cómic en tres partes argumentalmente conmovedor, visualmente delicado. Que me parece que apenas es conocido. Os animo a entrar ahí.
Por último, quería que habláramos rápidamente de esto que encontré en El Periódico. Prestad atención: se dice que Trump describe a su atacante frustrado (esto es: en primavera. Supongo que no hará falta precisar más) como un ≪lobo solitario≫ y una ≪persona con graves problemas≫. Más abajo señalan que donó veinticinco dólares3 al partido demócrataG.
Por supuesto cualquier acto comunicativo es inevitablemente narrativo. En la medida en que coloca una perspectiva. Incluso ante el enfoque de que tal suma da tal resultado, nos colocamos en una premisa argumental: las matemáticas son válidas, sus operaciones otorgan un conocimiento de valía. Si obedecemos sus reglas de juego, podemos fiarnos de sus resultados.
Y me ha llamado la atención este contraste. El cabecilla del sistema local negando problemas sistemáticos y un periódico informando de esto mismo y de que, según parece, le caen en gracia los del partido oponente. Lo sé: ≪oponente≫. Pero en este punto la política electoral llega tan poco más allá de las riñas de recreo en su madurez discursiva, que no parece fuera de lugar hablar de ≪oponentes≫.
Decía. Muestran esta inclinación antes de las declaraciones de Trump. Y no es que importe tanto. Las cosas se pueden corregir ‘a posteriori’. Y muestran las declaraciones sin una crítica abierta al lobo solitario. Entre la donación y éste, se publica una noticia de La Vanguardia que señala que mandó mensajes de disculpa a familiaresH. No está aislado personal, ni ideológicamente.
Ni una crítica abierta a la ≪persona con graves problemas≫. Que por supuesto juega la carta tan habitual en la derecha cultural. El precio de poner rojos cuernos a la salud mental es muy pequeño, si te da acceso a la misma fuente del lobo: es un caso suelto. Sin explicación. Era esencialmente malicioso. No había nada que pudiéramos hacer, por tanto prevenir. Es decir, no hay culpables más que él. Señalé en ADM con otro propósito: ≪Y es un tipo de amenaza perfecta para nuestros tiempos. Porque sólo es evidente contemplada sistemáticamente. Si se observa con la lupa individualista, fragmentada, que da lugar a la falta de profundidad, por ejemplo, de las noticias mediáticas… nada parece fuera de lugar. Sólo un loco suelto≫.
No creo que este sea el flujo informativo que queremos. Uno con miedo a señalar las incongruencias. Considero que unos medios de actualidad debidamente nutridos, no tiemblan para dar un golpe seco ante algo así. Claro que podrías defender que no lo notaron. Pero en primer lugar, esto viene en un contexto donde podríamos sacar más ejemplos así, que de integridad profesional periodística. Así está la credibilidad de esa industria. Incluso dejando aparte el antinstitucionalismo recalentado, recalcitrante, ese de ≪la universidades son marxistas, específicamente desde que la identidad trans no está patologizada los psicólogos tienen <sesgo> y los periodistas sólo son restos a los que tratar como tales≫. (Aspira). Y a propósito de esas actitudes ácidas, rechulonas, de soberbia. Permíteme recordarte que sólo estás dañando los sentimientos de las personas implicadas (a menudo involuntariamente). Porque no es como si hubieran decidido, con el café matutino, que les apetecía amargarse el día entre la comida y la hora de fregar los platos con el equivalente conversacional de beber vinagre caliente. Que, de hecho, los sentimientos de las personas importan. Y que ser hiriente no te hace parecer valiente, ni elocuente. Sólo falto de sensibilidad. (Espira).
En segundo lugar, cabría defender que es una exigencia de profesionalismo bastante asequible. Cuya responsabilidad recae sobre quienes ponen: las directrices, el tiempo que tiene un trabajador para revisar y contextualizar textos, la cantidad de plantilla, los sueldos que pueden dar un mejor entorno para trabajar en casa y unos horarios que no forcejeen con la calma (que todo el mundo merece y hace falta para rendir en esto y lo de al lado).
(Pausa).
Aun así, últimamente he estado un poquito descolgada de la actualidad. (Señala al decorado). Por esto. Os pido disculpas.
Quedo en vuestras manos ¡y por favor! no olvidéis poneros el protector solar,
XX
1 ≪Quiero≫ significa que hace unas noches soñé con libros que pasaban ante mí dando vueltas en una cinta como para el sushi. No fue la primera vez.
2 ≪El auge de la derecha y las mujeres≫.
3 ¿Cuánto es eso hoy? ¿Tres alubias y media lenteja?
A: ≪Crónicas marcianas≫ por Ray Bradbury, Austral (2023).
B: ≪Abolir la familia. Un manifiesto por los cuidados y la liberación≫ por Sophie Lewis, Traficantes de Sueños (2023).
C: ≪La abolición de la familia. El capitalismo y la comunización de los cuidados≫ por M. E. O’Brien, Traficantes de Sueños (2025).
D: ≪A treatise of human nature≫ (volúmenes uno y dos) por David Hume, LibriVox (2009, 2011).
E: ≪La posada de los objetos perdidos≫ (volúmenes uno, dos y tres) por Hozumi, Milky Way (2016, 2017).
F: ≪El problema de los tres cuerpos≫, ≪El bosque oscuro≫ y ≪El fin de la muerte≫ por Cixin Liu, Nova (2024).
G: ≪Donald Trump, intento de atentado: detalles del tiroteo, reacciones y últimas noticias en directo≫ por Montse Martínez, Jordi Grífol e Irene Benedicto, El Periódico, (28, 30 de abril de 2026).
H: ≪El autor del intento de atentado contra Trump se fotografió armado minutos antes del tiroteo≫, La Vanguardia (29 de abril de 2026).
Ya tengo los resultados de la ecografía. Creen que no es nada, a falta de confirmarlo con otra en tres meses.
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